Evangelista

 

El Ministerio del Evangelista en la Tradición Apostólica y Reformada

Introducción

El ministerio del evangelista ocupa un lugar importante en la misión de la iglesia cristiana. Desde los tiempos del Nuevo Testamento, el evangelista ha sido reconocido como un proclamador del evangelio de Jesucristo, dedicado a anunciar el mensaje de salvación y a extender la iglesia.

El apóstol Pablo menciona explícitamente este ministerio cuando afirma que Cristo dio a la iglesia diversos dones ministeriales:

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.” (Efesios 4:11)

Este texto muestra que el evangelista forma parte del ministerio de la Palabra destinado a la edificación y expansión de la iglesia.

El evangelista en la iglesia apostólica

En el Nuevo Testamento encontramos ejemplos claros del ministerio evangelístico. Uno de los más conocidos es Felipe el evangelista, quien predicó el evangelio en Samaria y anunció a Cristo en diferentes lugares, llevando el mensaje de salvación a nuevas comunidades.

Asimismo, el apóstol Pablo exhorta a Timoteo:

“Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Timoteo 4:5)

Estos ejemplos muestran que el evangelista era un ministro dedicado principalmente a proclamar el evangelio, formar nuevos discípulos y colaborar en la expansión de la iglesia.

El evangelista en la tradición reformada

La tradición reformada ha reflexionado ampliamente sobre la naturaleza del ministerio en la iglesia. Diversos teólogos han señalado que el Nuevo Testamento reconoce principalmente dos oficios permanentes en la iglesia:

  • Ancianos o presbíteros
  • Diáconos

Dentro de este marco, el evangelista es entendido como un ministro de la Palabra con un énfasis particular en la proclamación del evangelio.

En otras palabras, el evangelista no constituye necesariamente un oficio distinto del ministerio pastoral, sino una forma particular del ministerio docente orientada a la misión y al anuncio del evangelio.

El evangelista como Ministro de la Palabra

En la teología reformada, el Ministro de la Palabra es aquel que ha sido llamado por Dios y reconocido por la iglesia para ejercer el ministerio de la predicación, la enseñanza y la administración de los sacramentos.

Por esta razón, el evangelista, cuando es reconocido como ministro de la Palabra, puede:

  • Predicar el evangelio
  • Enseñar la doctrina cristiana
  • Bautizar a los nuevos creyentes
  • Administrar la Santa Cena

Esta autoridad proviene del ministerio de la Palabra confiado por Cristo a su iglesia.

Diferencia entre pastor y evangelista

El pastor ministra principalmente a una iglesia local, cuidando espiritualmente a una congregación establecida.

El evangelista se dedica principalmente a la proclamación del evangelio y a la expansión de la iglesia en contextos misioneros.

Ambos ministerios participan del mismo ministerio de la Palabra, aunque con énfasis diferentes dentro de la vida de la iglesia.

La dimensión misionera del evangelista

El ministerio del evangelista está profundamente relacionado con la misión de la iglesia. Su labor incluye anunciar el evangelio, formar nuevos discípulos y colaborar en la formación de nuevas comunidades cristianas.

En la historia de la iglesia, este ministerio ha sido visible en movimientos de evangelización y avivamiento, como ocurrió con el ministerio del evangelista Billy Graham en el siglo XX.

Aplicación al Instituto Bíblico Casa de Oración

El Instituto Bíblico Casa de Oración reconoce la importancia del ministerio evangelístico para la misión de la iglesia. Por esta razón promueve la formación de evangelistas comprometidos con la proclamación del evangelio y la formación de discípulos.

La Escuela de Evangelistas Casa de Oración busca preparar ministros de la Palabra con vocación evangelizadora, capaces de anunciar fielmente el mensaje de Cristo y colaborar en la expansión del evangelio.

Conclusión

El ministerio del evangelista tiene raíces profundas en la iglesia apostólica y ha sido reconocido dentro de la tradición reformada como una expresión particular del ministerio de la Palabra.

Su tarea principal es proclamar el evangelio de Jesucristo y colaborar en la expansión de la iglesia, contribuyendo al cumplimiento de la Gran Comisión confiada por Cristo a su pueblo.

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