ALOCUCIÓN DEL DR. LEOPOLDO VALDÉS
ALOCUCIÓN DE DR. LEOPOLDO VALDÉS TAYLOR.
UNA NUEVA ETAPA MINISTERIAL: SEPARACIÓN, PAZ Y PROPÓSITO
Hace aproximadamente seis meses tomé la decisión de iniciar una nueva etapa en mi vida y ministerio mediante la constitución de la Asociación Evangelística Casa de Oración.
No ha sido una decisión tomada de manera impulsiva, ni producto de una reacción momentánea. Ha sido el resultado de un proceso de reflexión, meditación, oración y madurez espiritual.
Toda separación puede ser interpretada de diferentes maneras. Cuando una persona deja un grupo, una congregación o una determinada estructura ministerial, fácilmente pueden surgir preguntas, interpretaciones e incluso juicios. Y debo reconocer que, en ocasiones, no quedamos mal porque necesariamente hayamos actuado mal, sino porque no hemos sabido explicar con claridad las razones y el propósito de nuestra decisión.
Por eso considero importante hablar de esta nueva etapa con serenidad, respeto y transparencia.
No se trata de borrar el pasado
Quiero comenzar diciendo algo muy importante: valoro las cosas buenas que aprendí durante el tiempo que permanecí en la congregación de la Iglesia de Cristo del movimiento de restauración de la cual procedí.
Allí adquirí experiencias, conocimientos, relaciones y aprendizajes que forman parte de mi trayectoria. No considero necesario negar lo que recibí para poder continuar mi camino.
Toda experiencia ministerial deja enseñanzas. Algunas las conservamos; otras nos llevan a reflexionar y a buscar nuevos caminos. Pero aun cuando existan diferencias, podemos reconocer aquello que fue bueno y agradecer a Dios por las personas y experiencias que contribuyeron a nuestra formación.
Por esa razón, nuestra intención no es atacar, descalificar ni desacreditar a la congregación de la cual procedemos.
Cada congregación tiene sus propias características, sus fortalezas y también sus limitaciones.
Y creo que debemos aprender a respetar esa realidad.
No todas las comunidades cristianas tienen que ser idénticas. No todas tienen que desarrollar exactamente la misma estructura, la misma tradición o la misma manera de comprender determinados aspectos de la vida eclesial.
Una separación no tiene que convertirse en enemistad
La Biblia también nos muestra que existen momentos en los que la separación puede ser necesaria.
Pablo y Bernabé, dos grandes colaboradores en la obra del Evangelio, tuvieron un desacuerdo que terminó produciendo una separación ministerial.
La Escritura dice:
“Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro.”
— Hechos 15:39
Pero resulta significativo que aquella separación no significó que el Evangelio desapareciera ni que uno de ellos dejara de servir a Cristo.
También encontramos en Abraham y Lot un ejemplo diferente, pero igualmente significativo. Cuando surgieron dificultades entre sus pastores, Abraham le dijo a Lot:
“No haya ahora altercado entre nosotros dos… porque somos hermanos.”
— Génesis 13:8
Abraham entendió que conservar la paz podía requerir tomar caminos diferentes.
Esto nos enseña algo importante:
separarse no necesariamente significa convertirse en enemigos.
Hay ocasiones en que dos personas, dos ministerios o dos comunidades pueden llegar a comprender que es mejor desarrollar sus respectivos caminos sin entrar en contienda.
La separación puede ser una decisión de paz.
Una nueva etapa con mayor claridad
La nueva etapa que hemos iniciado nace precisamente de esa convicción.
Queremos desarrollar un ministerio con claridad teológica, liderazgo definido, responsabilidad pastoral y compromiso evangelístico.
No pretendemos construir un ministerio alrededor de la crítica hacia otros.
Nuestro propósito es mucho más importante que eso.
Queremos predicar el Evangelio.
Queremos enseñar la Palabra de Dios.
Queremos formar discípulos.
Queremos acompañar pastoralmente a las personas.
Queremos desarrollar un ministerio serio, responsable y ordenado.
Y, sobre todas las cosas, queremos que nuestra labor tenga como centro la salvación de las personas y su reconciliación con Dios por medio de Jesucristo.
Porque el ministerio cristiano pierde su sentido cuando termina convirtiéndose en una lucha permanente contra otros cristianos.
Nuestro llamado no es a vivir en contienda.
El apóstol Pablo nos recuerda:
“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”
— Romanos 12:18
Y esa es precisamente la actitud que queremos adoptar.
No somos los únicos que pertenecen a Cristo
Hay otro aspecto que considero fundamental aclarar.
Nuestra madurez y experiencia nos han llevado a comprender que no debemos caer en una visión exclusivista de la Iglesia.
Creemos que somos Iglesia de Cristo en un sentido amplio, porque pertenecemos a Cristo y procuramos vivir bajo su señorío.
Pero no afirmamos que nosotros seamos la única expresión legítima de la Iglesia cristiana.
No pretendemos decir que solamente nuestra congregación tiene la verdad.
No pretendemos levantar una nueva estructura para declarar que todos los demás están equivocados.
Creemos que la Iglesia pertenece a Cristo.
La Iglesia universal no pertenece a una denominación, a un movimiento, a una institución particular ni a un líder.
La Iglesia es de Cristo.
Por eso entendemos nuestro ministerio como una expresión particular dentro de la Iglesia de Cristo, con una identidad teológica y ministerial definida, pero sin necesidad de convertir nuestras diferencias en una guerra contra otros creyentes.
Nuestra identidad ministerial
La Asociación Evangelística Casa de Oración nace, por tanto, con una identidad propia y con una responsabilidad concreta.
Queremos desarrollar un ministerio de carácter evangelístico, pastoral y formativo.
Queremos hacerlo desde una perspectiva teológica definida, con seriedad, orden y responsabilidad.
Pero también queremos hacerlo con humildad.
Porque tener convicciones no significa tener que vivir en confrontación.
Podemos estar convencidos de algo sin tener que atacar permanentemente a quienes piensan diferente.
Podemos establecer nuestra identidad sin destruir la identidad de otros.
Podemos tomar un camino diferente sin declarar enemigo a quien tomó otro camino.
El propósito es mayor que la separación
Por eso, cuando se nos pregunte por qué nos separamos, nuestra respuesta no debe centrarse exclusivamente en aquello que dejamos atrás.
Debemos hablar principalmente de aquello hacia lo cual Dios nos está conduciendo.
No queremos que nuestra historia quede definida por una separación.
Queremos que quede definida por un llamado.
No queremos que se nos conozca por aquello contra lo cual protestamos.
Queremos que se nos conozca por aquello que estamos construyendo para la gloria de Dios.
No queremos dedicar nuestra energía a demostrar que otros están equivocados.
Queremos utilizar nuestra energía para anunciar que Jesucristo es Señor y Salvador.
Ese es nuestro centro.
Ese es nuestro propósito.
Ese es nuestro llamado.
Una separación por la paz
Por eso considero que esta nueva etapa no debe entenderse como una ruptura marcada por enemistad, sino como una separación ministerial realizada con respeto, madurez y búsqueda de paz.
Hay momentos en la vida en que permanecer puede impedir que una persona desarrolle plenamente la responsabilidad ministerial que entiende haber recibido.
Y hay momentos en que separarse puede ser precisamente la manera de evitar conflictos innecesarios.
No todo desacuerdo tiene que terminar en una batalla.
No toda diferencia tiene que convertirse en una acusación.
No toda separación tiene que producir enemigos.
A veces simplemente llega el momento de decir:
“Este es el camino que considero que debo seguir delante de Dios.”
Y continuar caminando.
Mirando hacia adelante
Hoy, seis meses después de haber iniciado esta nueva etapa, puedo decir que la decisión ha sido tomada desde la reflexión, la oración y la convicción.
Miramos hacia adelante.
No vivimos mirando permanentemente hacia atrás.
Agradecemos lo aprendido.
Respetamos a quienes continúan en el camino que escogieron.
Reconocemos nuestras propias limitaciones y errores.
Y asumimos con responsabilidad el nuevo llamado ministerial que tenemos delante.
La Asociación Evangelística Casa de Oración no nace para ser una plataforma de oposición.
Nace para ser un instrumento de servicio.
No nace para alimentar contiendas.
Nace para anunciar el Evangelio.
No nace para declarar que nosotros somos los únicos.
Nace para proclamar que Cristo es el Señor de su Iglesia.
Y si Dios nos permite desarrollar este ministerio, queremos hacerlo con una convicción sencilla pero profunda:
que todo lo que hagamos conduzca a las personas hacia Jesucristo.
Porque al final, ese es el verdadero propósito del ministerio.
No ganar una discusión.
No tener la última palabra.
No demostrar que tenemos razón.
Sino servir a Dios, anunciar el Evangelio, formar personas en la fe y trabajar para que hombres y mujeres conozcan a Jesucristo como Señor y Salvador.
Nos separamos para caminar en paz.
Nos organizamos para servir con responsabilidad.
Y continuamos adelante para anunciar a Cristo.
Que Dios nos conceda sabiduría, humildad y fidelidad para desarrollar esta nueva etapa.
Amén.













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